La ley distingue entre árboles peligrosos y árboles que representan un riesgo, según el peligro potencial para terceros. Un árbol peligroso simplemente tiene riesgo de caer, mientras que un árbol que representa un riesgo aún mayor tiene riesgo de caer y causar daños a personas o propiedades. Una vez identificada una posible fuente de problemas, se contacta con la oficina de vivienda, cuyo personal evalúa el estado del árbol. Con base en la información recopilada, se decide cómo podarlo adecuadamente.
¿Qué dice la ley?
Un árbol se considera inseguro si se presentan dos indicadores. El primero es su ubicación cerca de zonas de mucho tránsito, como senderos, parques, entradas, etc. El segundo indicador es la presencia de alguno de los siguientes criterios:
- Hay grandes ramas muertas en la copa;
- Grandes ramas deformadas cuelgan hacia abajo;
- gran cantidad de rastros de putrefacción;
- la presencia de múltiples huecos;
- Infección fúngica abundante del tronco;
- El tronco está cubierto de profundas grietas;
- Grandes ramas que antes habían caído se encuentran esparcidas cerca de la base;
- el ángulo de inclinación del tronco supera los 40-45º;
- Los daños en el sistema radicular son visibles;
- Se ha modificado el nivel del suelo cerca de las plantas;
- cambio de color estándar.
Las plantas rodeadas de árboles muertos están en riesgo. Esto probablemente indica una alta actividad de plagas o enfermedades en la zona. Las áreas donde se han talado árboles recientemente también están en riesgo. A medida que aumentan las fuerzas del viento, la vegetación restante pierde su capacidad de resistir condiciones ambientales adversas.
Realizar inspecciones periódicas
La legislación ambiental distingue entre señales de daños y defectos naturales propios de cada especie. Los propietarios de terrenos privados o las oficinas de vivienda inspeccionan periódicamente sus árboles. Este procedimiento se repite tras lluvias intensas o fuertes vientos. Se presta especial atención a las raíces, las ramas y el tronco. En cuanto se detectan cambios, se llama a un especialista para que documente el estado del árbol. Si los defectos detectados no pueden clasificarse como naturales, se decide talar el árbol.
- viabilidad perdida;
- perdieron sus propiedades estéticas;
- dañado como resultado de la influencia externa del clima o de los seres humanos;
- secándose;
- afectados por plagas y patógenos.
El informe elaborado especifica la categoría a la que pertenece el espacio verde. Por ejemplo, IV – en declive, V – madera muerta anual, VI – madera muerta perenne, etc. Los representantes de la organización gestora determinan el alcance de la intervención necesaria.
Se utilizan la poda de formación, la poda sanitaria y el aclareo. La tala del árbol es el último recurso. En su trabajo, los especialistas se basan en una lista de criterios específicos para cada especie. Solo si se cumplen las normativas legales se considera que la tala se ha realizado correctamente. Cualquier incumplimiento de la normativa conllevará una multa.
La detección y eliminación temprana de árboles peligrosos reduce los posibles daños a la vida humana y a la propiedad. Las zonas verdes cercanas a áreas públicas están sujetas a vigilancia constante. La tala ilegal está prohibida por ley, por lo que este trabajo se encomienda a empresas autorizadas para tales actividades. En cuanto se identifica un árbol potencialmente peligroso, se solicita la presencia de un especialista para evaluar la situación.

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