Continuación de la historia

Sin categorizar

Nikita dejó su portátil y se volvió hacia ella, cansado e irritado.

"Él también es tu amigo, ¡y siempre lo has aceptado! No seas así. ¿Te incomoda que se ría? Es el mismo de siempre, nada más. Siempre has sido demasiado sensible con estas cosas."

Zhanna suspiró, pero su rostro se puso aún más tenso.

¡No me estás escuchando! ¡Ha tenido la osadía de decir otra vez que deberíamos "cambiar nuestra vida sexual" y ha sugerido que "experimentemos" con otra persona! ¿Te das cuenta siquiera? ¿Cree que puede entrar así como así a nuestra habitación? ¡No voy a tolerar esta tontería! ¡Y tú ahí sentado, callado, como si nada!

Nikita sintió un escalofrío. Artyom podía ser grosero, pero no tanto. Siempre bromeaba, pero nunca se pasaba de la raya. Quizás alguna vez dijo algo inapropiado, pero era poco probable que sus palabras fueran tan peligrosas.

—Espera, ¿hablas en serio? ¿Artyom dijo eso? —Nikita se puso de pie, sintiendo un nudo en la garganta. Nunca pensó que pudiera ser tan grave—. Pero solo bromeaba, Zhanna. No hagas una tormenta en un vaso de agua. ¿No puedes hablar con él con calma para que esto no vuelva a suceder?

Zhanna estaba furiosa.

¡De verdad que no entiendes nada! ¿Cómo puedes bromear así? ¡Esto no es ninguna broma, Nikita! ¡Es simplemente inaceptable! ¡Y tú también, siempre lo estás defendiendo! ¡Ya basta! ¡No voy a tolerar que esté en nuestra casa todo el tiempo, y tú también tienes que entenderlo!

Nikita sintió que su paciencia estaba a punto de agotarse. Sabía que los problemas con Artyom no se limitaban a discusiones sobre sus chistes, sino que Zhanna también se negaba a aceptar su amistad. No se trataba de un simple malentendido, sino de una lucha de poder en su relación.

—¡Estás exagerando! —Su voz se endureció—. Artyom era mi amigo antes de que aparecieras en mi vida. No voy a renunciar a él. No intentaba arruinar nuestras vidas, y tú... Estás haciendo una tormenta en un vaso de agua.

Zhanna recogió sus cosas y se dirigió a la puerta.

De acuerdo. Que todo siga igual. Solo ten en cuenta: no voy a tolerar estos escándalos en casa. No quiero sentirme como si estuviera en un campo de experimentación. Deja que tu amigo siga con sus chistes, y yo viviré como me plazca.

Nikita se levantó, agarró las llaves y se dirigió hacia ella.

¡Espera! ¡No puedes simplemente abandonar esta conversación sin resolverla! ¡Zhanna, es importante que te escuche!

Zhanna ya estaba en el pasillo y, sin volverse, dijo:

"No me escuchas. Solo escuchas a tu amiga. Y supongo que no te importa cómo me siento. Eso es todo, Nikita, la decisión es tuya."

Cerró la puerta de golpe y se marchó. Nikita se quedó solo en el apartamento vacío, sintiendo como si una ráfaga de viento frío le hubiera golpeado la cara.

Volvió a mirar el portátil, pero ya no podía concentrarse. Solo podía pensar en cómo su relación empezaba a desmoronarse. Artyom, las bromas, su vida personal... todo se había convertido en un gran problema. Y nadie sabía cómo solucionarlo.

Nikita permanecía de pie en el apartamento vacío, intentando calmar la tormenta que rugía en su interior. Comprendía que con cada palabra, con cada discusión insignificante, se distanciaban más. Siempre había creído que su relación era sólida, pero ahora, solo en la habitación, lo invadía la inquietud de que algo se desmoronaba.

Sabía que Zhanna había ido a casa de su madre. Siempre había una barrera invisible en su casa que surgía en cuanto empezaban a hablar de sentimientos. Ella las evitaba. Y él también. Era más fácil que hablar de las verdaderas razones de la tensión. Nikita miró su reloj. El tiempo no había avanzado. Se levantó y se acercó a la ventana.

Habían pasado varias horas y la tensión no había disminuido. Pensó en la calma que había reinado antes, cuando reían, comentaban las noticias y no se hacían preguntas tan difíciles. Sabía que no podría olvidar las palabras de Zhanna, sus acusaciones. Y, sin embargo, no podía creer que todo fuera tan grave.

Unos ruidos de la cocina interrumpieron sus pensamientos. Era su teléfono: un mensaje de Artyom. Nikita lo abrió y leyó: «Oye, ¿sigues vivo? Tenemos un plan para esta noche. ¿Quieres relajarte?».

Nikita rió, pero fue una risa breve e inquietante. Artyom seguía siendo su mejor amigo, pero ahora no era alguien con quien pudiera hablar del presente. Lo único que importaba era cómo él y Zhanna podrían encontrar un punto en común.

Marcó el número de Zhanna, pero solo oyó pitidos. Ella no contestó. Nikita volvió a marcar su número y, de nuevo, solo oyó pitidos.

«¿Tal vez tenga razón?», pensó. ¿Tal vez debería intentar dejar atrás todo lo que los frenaba? Pero no sabía si podría vivir sin lo que había sido su base: sin la intimidad, sin la sinceridad que una vez compartieron.

Dejó el teléfono sobre la mesa, se sentó en una silla y se puso a pensar. Los pensamientos le inundaban la cabeza, pero ninguno le aportaba claridad. Todo seguía igual, y sin embargo, ya no importaba.

Quizás vuelvan a hablar mañana. Quizás vuelvan a separarse, pero nadie sabe cuánto tiempo puede durar esta situación. Y lo que es más importante, ¿qué les ocurrirá si continúa así?

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